Alejandro Zacchigna

EL RAMO CORTO

 

A la larga o a la corta toda historia debe tener un “cierre”, siempre es así y así sucede deseémoslo o no. La única vez que me enamoré fue cuando era joven. La conocí en los bailes de carnaval del Comunicaciones. Ella vivía en una casa grande y antigua de la calle Gutemberg, frente a las vías. El día del cumpleaños fui a verla. Salí temprano del trabajo y aproveché que estaba en la zona de Chacarita para comprar una docena de rosas rojas, sus preferidas. El florista me preguntó si quería un ramo corto o un ramo largo, le pedí el ramo corto para poder viajar más cómodo en el 63 que a esa hora solía venir repleto de gente. La fiesta fue sencilla, como era día de semana sopló las velitas temprano, los padres enseguida se fueron a dormir, y las amigas se fueron antes de que se hiciera demasiado tarde por miedo de perder el último colectivo. Nos quedamos solos y nos fuimos a dormir a su cuarto, como era costumbre.
Al poco tiempo vivimos la circunstancia de poder ser padres, pero éramos muy jóvenes y mis suegros aconsejaron.
El último día que la vi decidimos dejar de vernos, nos preguntamos “por qué” y no supimos contestar. Lloramos mucho, nos abrazamos fuerte, nos besamos mucho, y me fui.
Imaginé que en algún momento nos cruzaríamos por casualidad en algún lugar de la ciudad, que nos contaríamos sobre lo que fue de nuestras vidas, y que volveríamos a estar juntos. Esperé atento a verla. Observaba cada esquina, cada cuadra, cada auto, y nada. Cada tanto me tomaba el 63 y caminaba las quince cuadras hasta la calle Gutemberg, pero no me animaba a doblar la esquina y pasar por la casa. Un día, cuando ya tuve auto, me animé a costear las vías y estacionar frente a la puerta. En la vereda jugaban dos nenas con un triciclo. No me animé a bajar. Pasó el tiempo, volví y las ventanas y la puerta de la casa estaban tapiadas. Pregunté a los vecinos, nadie sabía nada. Seguí atento, esperando verla por casualidad y charlar sobre lo que había sido de nuestras vidas, pero pasaron décadas y no nos cruzamos. De todos modos yo mantenía la ilusión pequeña e íntima de verla por casualidad en cualquier momento. Esperé hasta que pensé: “Y si se murió”.
Fui al cementerio de la Chacarita, averigüé y me dieron anotado el número de manzana, sección y tumba en la que estaba enterrada. Compré una docena de rosas rojas, sus preferidas. El florista me preguntó si quería un ramo corto o un ramo largo, le pedí el ramo corto. Cuando le dejé las flores entendí. Entendí que existen los ramos cortos porque de otro modo no entran en los jarrones de esos lugares.


Alejandro Zacchigna
 

Alejandro Zacchigna

Es actor egresado de la Escuela Nacional de Arte Dramático “Cunill Cabanellas”. Ha publicado cuentos en diversas antologías y es autor de textos dramáticos que han sido estrenados en Argentina y en España. Fue colaborador de Editorial Santillana y ha ejercido la docencia teatral en ámbito estatal y privado.